Recuerdo el día de San Isidro cuando era pequeña como si fuera ayer. Tampoco es que ahora sea muy mayor pero las cosas han cambiado mucho desde entonces.
Para empezar, el 15 de mayo era festivo en Tudela de Duero, el patrón de los agricultores. No importaba si lo ponía o no en el calendario, no había que pedir permiso a nadie, era fiesta y se acabó. En el cole no había clase (aunque en el instituto sí) y las tiendas cerraban. Además, como jotera que soy desde que tenía cuatro años, íbamos vestidas para la ocasión a la plaza para bailar al Santo. Daba igual si eras creyente o no, ni siquiera lo pensabas, el caso es que todos los grupos de jotas que había entonces -‘La Espiga’, ‘La Galana’ y ‘El Arco’- íbamos a misa primero, después bailábamos en Plaza Mayor y seguíamos a la procesión hasta el Sindicato, donde por supuesto bailábamos otra vez (‘Los labradores’), y después volvíamos por la Calle García Lorca de nuevo a la plaza.
Me acuerdo de mi abuelo, con la figura al hombro durante todo el recorrido y bailando la imagen junto con otros hombres. Es una pena que estas tradiciones se hayan perdido por no sé qué razón, por dejadez, porque la gente trabaja en Valladolid y allí San Isidro (exceptuando los toros) no triunfa, o porque al sacerdote de turno no le apetecía sacar al Santo a pasear… Por lo menos este año, y esta vez sí gracias al nuevo cura, otra vez hay procesión. Seguro que la celebración no es tan numerosa como cuando era pequeña pero al menos dejará a los agricultores que honren a su patrón y le den las gracias por las lluvias de mayo, eso sí, sin el sonido de la dulzaina.
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